La confianza del cuidador

Especial/8-1-2020

Según la Oficina Europea de Estadística, Eurostat, un tercio de la población europea mayor de 65 años vive sola. Esto no quiere decir que todas esas personas sufran la soledad, pero si un gran número de ellas. De ahí que ese estado personal comience a considerarse un problema socio-sanitario al que se le está prestando una atención más específica por parte de muchos gobiernos. Incluso en el Reino Unido se ha creado una Secretaría de Estado para la Soledad, con el fin de paliar el problema.

Hay tantas personas en el mundo, fundamentalmente en los países desarrollados, que padecen la falta de afecto por parte de seres queridos, se sienten aislados en la paradoja de un mundo tan conectado por las ondas hertzianas, que el problema ya es un tema social prioritario. Sin embargo, el poliedro de la soledad tiene muchas caras, y no todas son negativas.

En este contexto, la figura del cuidador de las personas mayores no goza de la importancia que tiene,  y que a veces no le damos En estas épocas navideñas, por ejemplo, donde un elevado número de personas mayores pasan las fiestas en soledad, el cuidador se convierte en su familia, en su amigo, en su mejor apoyo. Un ejemplo es cómo viven en  estas fechas en algunos centros de día o residencias para que los mayores las celebren de una forma especial. Patricia Del Barco, directora de Operaciones de los centros de día Stima, nos lo confirma: “En los centros de día Stima tratamos de celebrar las navidades como si estuviéramos en casa y, en la medida de nuestras posibilidades, celebramos la comida de Nochebuena, la comida de Nochevieja y los reyes, degustando un buen roscón y repartiendo regalos para todos; y todo ello aderezado con la alegría de estas fechas”.

Hay soledades situacionales, emocionales, existenciales, forzosas, buscadas, deseadas… pero todas ellas implican un encuentro exclusivo con nuestra conciencia; el único intermediario entre nosotros y nuestros más íntimos, y tal vez, más inconfesables anhelos o pensares.

En esta era de la comunicación universal, de la inexistencia de fronteras virtuales, se detecta tanta soledad a través de los caracteres de un tweet, de los enlaces de una canción, del mensaje de una fotografía, de la rabia de una crítica, del cinismo de un trazo en la indefensión de una falta de ortografía, o en las noticias de abandono que nos llegan por los medios de comunicación, que esta pandemia del siglo XXI bien vale una reflexión.

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