LARES pone más de 600 residencias, sin ánimo de lucro, a disposición de las CC.AA

Redacción 23-3-2020

Desde LARES se aplaude que el Gobierno haya equiparado la prioridad de hospitales y centros residenciales en la batalla contra el virus. Asimismo, se aplaude la puesta de todas las residencias privadas, sus medios humanos y materiales, al beneficio del bien común en el marco de esta bata-lla. Sin embargo, preocupa el uso que se dé a las residencias de mayores en un contexto de colapso del sistema sanitario, máxime tras la publicación el 19 de marzo de una Orden que parece dar por bueno que las personas con positivo o sospechosas de tenerlo permanecerán dentro de las residencias siempre que, médicamente, sea posible.

LARES recuerda que, con fecha 18 de marzo de 2020, los especialistas y cien-tíficos, las personas con experiencia, advirtieron que dentro de las residencias de mayores no deden establecerse unidades COVID-19, salvo que:

  1. Se garanticen servicios médicos y de enfermería de 24 horas.
  2. Tengan acceso a la medicación hospitalaria, oxígeno, respiradores y todo el material sanitario y de protección individual necesario.
  3. Se garantice complementar los recursos humanos técnicos y el 100% de las plantillas de gerocultores.
  4. Los inmuebles tengan condiciones que permitan el aislamiento de zonas y puedan garantizar la deambulación de personas con algún tipo de de-mencia sin aumentar el riesgo de infección de otras personas.

A juicio de LARES, la Orden publicada el pasado jueves 19 de marzo, va en el camino de dotar a todas las residencias de todo lo preciso. Sin embargo, desde el punto de vista de LARES, aun siendo provistos de todos los medios materiales y humanos necesarios, muchas residencias de España no guardan condiciones arquitectónicas que permitan la realización de aislamientos y contenciones eficientes, sin poner en riesgo a más residentes.

Por eso, Juan Ignacio Vela, presidente de LARES, reclama que se tome en cuenta el consejo de la Sociedad de Geriatría y Gerontología: “cada comunidad autónoma debe elaborar y ejecutar un Plan de Contingencia que prevea la habilitación de hoteles, instalaciones públicas, antiguos colegios, residencias y centros de día cerrados o en venta, tanto públicos como privados, de modo que solo haya personas con positivos o aisladas en las residencias que guarden condiciones para ello”.

LARES recuerda que sus residencias son hogares y, como tal, están concebidos. En esta línea, LARES propone que las propias CC.AA. establezcan, en cada territorio, qué residencias son propicias para atender positivos y situaciones de aislamiento que no se puedan garantizar en otras residencias. De no hacerlo, a juicio de LARES, las decisiones del Estado y de las CC.AA. suponen una rendición, pues aboca a que muchas residencias de mayores se conviertan en potenciales agentes de contagio.

Juan Ignacio Vela pide que no se olvide que las residencias atienden personas mayores o en situación de discapacidad, es decir, las más vulnerables a la in-fección, conviviendo unas con otras con gran proximidad y, en muchos casos, sin poder impedir la deambulación dado su deterioro cognitivo. En este sentido ha señalado: “Si se utilizan las residencias como un embudo sanitario, sin tener en cuenta todo esto, se pondrá en riesgo la vida de más personas”.

Para LARES, muchas residencias sí podrían apoyar al ámbito sanitario en la atención de situaciones que no generen riesgos de contagio dentro de las residencias, siempre que cuenten con los medios sanitarios necesarios, tanto humanos como materiales.

Por último, el presidente de LARES, añade dos peticiones más: “Una, que no dejen de atenderse las necesidades sanitarias de las personas mayores, o en situación de discapacidad que viven en residencias y que no se vinculan al coronavirus. Dos, que bajo los pronósticos sanitarios de mayor capacidad de recuperación, no se esconda un criterio de edad a la hora de decidir a quién se atiende primero”.

 

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