Expertos profesionales y representantes del tejido asociativo demandan un cambio en el modelo de cuidados de larga duración

Redacción 1-4-2020

Un total de 38 expertos profesionales y representantes del mundo asociativo de carácter estatal, vinculados al ámbito del envejecimiento y la discapacidad, han elaborado un documento -ante los acontecimientos e informaciones que se están sucediendo con motivo de la pandemia Covid-19-, para hacer llegar a las autoridades, medios de información y ciudadanía su “declaración en favor de un necesario cambio en el modelo de cuidados de larga duración
”.

La crisis contribuye, para los expertos, a que afloren “carencias importantes en nuestro actual sistema de cuidados. También está evidenciando riesgos futuros en torno a cómo conjugar valores que deben estar equilibrados en el cuidado, como la salud y la libertad de las personas”.

Además, “la garantía en la continuidad de los cuidados, la coordinación entre sistemas y servicios, y las dificultades que la actual estructura competencial conlleva a la hora de afrontar un modelo integrado de servicios e intervenciones profesionales, deberán ser objeto de análisis en pos de la coherencia, la eficacia y la eficiencia que necesitamos”.

Cuidados

Para los expertos, en esta crisis quedan confirmados “la gran invisibilidad y los escasos medios que hoy existen para garantizar un cuidado adecuado en el entorno domiciliario”, por lo que consideran que “no es aventurado suponer que los contagios se han producido de una forma exponencial y que, tanto profesionales como personas que reciben cuidados, se han encontrado con una importante improvisación y desprotección. En el ámbito del empleo de hogar y cuidados, mucho más desprotegido social y legalmente, donde se presta atención a cientos de miles de personas, es muy probable que haya sucedido lo mismo”.

En el documento también se hace hincapié en la necesidad de disponer de una atención integral e integrada. “Sabemos que la gran mayoría de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia, así como las personas con menor edad que tienen discapacidad, viven en su casa y han expresado con contundencia y de forma repetida su deseo de continuar viviendo en ella y de seguir participando en su comunidad. Es urgente e imprescindible avanzar en el diseño de una propuesta de atención integral en el domicilio que sea capaz de incorporar y coordinar los distintos papeles que cumplen los agentes implicados en esta atención: familias, servicios sociales en general y SAD, en particular, Atención Primaria y especializada de salud, sector de empleo de hogar y cuidados, asistentes personales, voluntariado, servicios de proximidad e iniciativas de participación comunitaria. Desde la necesaria sostenibilidad económica que, sin embargo, exigirá un claro incremento presupuestario en este sector”.

En lo que respecta al cuidado en centros residenciales, la declaración hace referencia a reconocer, cuidar y formar a los profesionales. “Es imprescindible apoyar y cuidarlos, dignificando su labor, supervisando el desarrollo de sus competencias de atención integral y relacional, invirtiendo en el cuidado de los equipos y en la mejora de las organizaciones. Esto no puede considerarse como algo superfluo y por tanto prescindible. Solo así podremos avanzar en el buen cuidado”.

Cambio en los modelos de atención

Los expertos denuncian la escasez de profesionales y el carácter precario de las condiciones de trabajo en los servicios residenciales, algo que, dicen, “hasta la fecha no se ha tomado como una prioridad social”. Insisten en “hacer valer el derecho a la atención sanitaria pública”, considerando “inadmisible” que las personas que enferman en un centro residencial, y siendo el principal grupo de riesgo, sean privados de su derecho a esta atención por su edad avanzada o por tener una gran discapacidad.

Asimismo, “disponer de profesionales suficientes y formados” es otro de los puntos destacados de la declaración. En este punto, apuestan por la necesidad de transformar el Modelo de Atención Residencial. “Necesitamos un cambio en profundidad del modelo de alojamientos para mayores o con discapacidades que precisan apoyos para continuar con sus proyectos de vida. La experiencia de otros países sugiere la bondad de desagregar los conceptos vivienda y cuidados dependientes cada uno de su ámbito competencial natural”.

En este sentido, los profesionales apuestan por “erradicar definitivamente los macrocentros y dejar de percibir como un lujo las habitaciones individuales. En los centros que agrupan a las personas, donde la mayoría de las habitaciones son compartidas, donde las personas permanecen casi todo el día en salas repletas de internos alineados, evitar el contagio cuando hay enfermedades fácilmente transmisibles puede acabar siendo una misión imposible. Conocer y tratar de una forma personalizada a quienes allí viven se puede acabar percibiendo como una utopía inalcanzable. Debemos, por tanto, trabajar por dejar atrás definitivamente este diseño residencial que responde a un modelo institucional del siglo XIX que ya ha sido abandonado hace décadas en otros países, apostando por nuevos modelos de diseños arquitectónicos y fórmulas organizativas y de gestión lo más similares al hogar. Lugares de vida donde se garantice la intimidad, se personalice el cuidado y en los que se evite la continua rotación de profesionales”.

Trato digno

Los expertos valoran “como imprescindible erradicar los estereotipos que forjan una visión distorsionada, negativa y uniforme sobre las personas mayores y la vejez: discursos que se repiten incluyendo en el mismo ‘saco’ de las personas mayores a un amplio grupo con características y necesidades muy diferentes, total mente autónomas y entre otras tareas, asumen el cuidado de sus madres, padres y nietos, mientras que otras se encuentran en situaciones de gran vulnerabilidad y con necesidad de cuidados y protección”

Con relación a las  personas con discapacidad, lamentan que frecuentemente son nombradas por sus patologías o déficits, “lo que conduce a etiquetarlas en categorías vinculadas a sus carencias o dificultades, obviando su singularidad, sus fortalezas, así como su capacidad de contribución a la sociedad”.

“Necesitamos que las personas que precisan apoyos o cuidados reciban un trato de igualdad con el resto de la ciudadanía. Todas las personas merecen respeto y trato digno, cualquiera sea su edad”, lamentan.  “Revisemos nuestra mirada y lenguaje colectivo sobre la vejez y la discapacidad eliminando la infantilización y la discriminación. Antes que nada, somos personas, con derechos y deberes”, resaltan.

Conclusiones

Los expertos consideran que “esta crisis reitera la urgente revisión del actual modelo de atención a personas que precisan apoyos o cuidados para dar respuestas diversas, globales y ecosistémicas. Asimismo, el correspondiente escenario de financiación pública de los distintos servicios de apoyos y cuidados de larga duración, ha de ser revisado y mejorado, eliminando diferencias entre territorios”.

Por último, añaden que “la situación actual puede convertirse en una oportunidad de lograr una mejora atención a las personas que la precisan, avanzando en la construcción de una sociedad de los cuidados, donde el reconocimiento, la participación y el apoyo a quienes son más vulnerables, necesariamente se conviertan en un compromiso y en una prioridad social central”.

Para adhesiones: cambiomcuidadosesp@gmail.com

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